Historias con perro: Owney, el viajero postal

Historias con perro: Owney, el viajero postal

Tras descubrir la apasionante vida de Stubby en el frente de la I Guerra  Mundial, damos unos cuantos pasos hacia atrás en la historia de los Estados Unidos, para reunirnos con el inteligente protagonista de esta nueva entrega de Historias con perro: Owney, el viajero más popular de Albany.

Owney

¿Quién es Owney?

Un simpático perro mestizo que apareció misteriosamente durmiendo, siendo un pequeño y tierno cachorrito, sobre una de las enormes sacas de correo postal ferroviario que se almacenaban en la oficina de correos de Albany, esperando ser enviadas a su destino.

Bautizado por los trabajadores de esta oficina con el nombre de Owney, el pequeño cachorro fue creciendo tranquilamente entre sobres, paquetes y todo tipo de objetos que la gente deseaba enviar a otros lugares, hasta que descubrió algo que cambiaría su vida para siempre: los trenes.

¿Qué tiene de especial este perro?

Los trenes y sus vagones, en los que Owney viajaba involuntariamente, al menos al principio, cuando se subía para pasar la noche en un lugar más acogedor y calentito que la estación de Albany. Una costumbre, que le hizo viajar por todo lo largo y ancho de los Estados Unidos,  regresando siempre al mismo lugar del que había partido.

Al descubrir los trabajadores de correos el apego que sentía el perro por Albany, le pusieron un collar y  una chapa, para que todo el mundo supiera a qué lugar pertenecía ese encantador animal. Tan popular se hizo su presencia, que los responsables de las diferentes oficinas postales a las que llegaban, solían obsequiarle con una medalla o una tarjeta, para que supieran en Albany, hasta dónde había sido capaz de llegar su mascota.

Owney sello

No solo se aficionó a viajar en tren, también le tomó el gusto a viajar en barcos de vapor e incluso en los grandes navíos que repartían el correo internacionalmente, volviendo sano y salvo a su Albany gracias a su identificación.

Tras 11 años viajando por todo el mundo, el corazón de Owney dejó de latir por culpa de una bala, de la que nadie conoció su procedencia.

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